La causa profunda de la escisión del PNV: el fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi
reproduce el texto del capítulo 7 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
7.9. El giro "españolista" del Pacto de Legislatura como 2ª (y desesperada) apuesta del PNV por el Estatuto.
En varias ocasiones anteriores hemos subrayado al lector de estas páginas un factor fundamental de la realidad vasca durante el postfranquismo: el que representa el hecho de que el PNV tenga que luchar constante y simultáneamente en dos frentes, el del Estado español y el del "nuevo" nacionalismo vasco de izquierda (el "complejo" ETA/HB). A menudo hemos dicho, medio en broma medio en serio, que si el PNV necesitaba "aggionarse" cambiando su lema, el que debía sustituir el viejo J.E.L. (Dios y la Ley vieja, Jaungoikoa eta lagi-zarra) debería ser el clásico lema navarro utrimque roditur (me roen de los dos lados). La fundamental debilidad estratégica del PNV durante todo el postfranquismo es esa doble y simultánea lucha en dos frentes que, además, son contradictorios. Cualquier cesión de terreno que haga el PNV en uno de ellos es un instantáneo estímulo para que el otro se lance a la ofensiva. Si el PNV cede terreno al Estado español, para aliviar la presión que sufre en ese frente intentando "comprar" tiempo a cambio de terreno, el frente del nacionalismo vasco de izquierda desencadenará "por ese motivo" una segura ofensiva. Si el PNV intenta aliviar la presión que sobre sus bases ejerce el frente nacionalista radical cediendo terreno (p.e. reiterando verbalmente su independentismo o denunciando los excesos policiales u oponiéndose a las extradiciones de etarras), automáticamente desencadenará sobre él una ofensiva del Estado español.
Un ejemplo eminente de esta difícil situación estratégica del PNV acabamos de verlo en la doble reacción suscitada por el giro "españolista" que representan el Gobierno Ardanza y su Pacto de Legislatura: alivio en la presión del frente del Estado español y brutal ofensiva desde el frente del nacionalismo vasco de izquierda.
Para comprender cabalmente cómo la escisión del PNV de 1986 trae su causa del fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi es importante entender bien lo que significa el giro "españolista" del Gobierno de Ardanza y de su Pacto de Legislatura para los mismos que dentro del PNV han tomado la decisión de dar tales pasos. Para las cúpulas del PNV controladas por lo que hemos llamado la "reacción Arzalluz". Para los que, después de la escisión, van a quedarse con la fracción PNV.
Pues bien, para los que diseñan y llevan a la práctica la operación compleja "cese de Garaikoetxea/Gobierno Ardanza/Pacto de Legislatura" tal operación se concibe (y, lo que es muchísimo más importante, se intenta "vender" a las bases y al electorado peneuvista) como una segunda apuesta del PNV por el Estatuto.
¿Por qué una 2ª apuesta? Porque el núcleo fundamental de la "reacción Arzalluz" consiste precisamente en que se piensa a sí misma como la única reacción prudente, racional, lúcida y eficaz ante una situación política dada, ante una correlación de las fuerzas evidente. La "reacción Arzalluz" coincide con el diagnóstico de la "reacción Garaikoetxea": el Estado español está incumpliendo el pacto político que supuso en 1979 el Estatuto. En lo que difieren es en la propuesta terapéutica que creen que corresponde a ese diagnóstico. Frente a la propuesta de la "reacción Garaikoetxea" (consistente en convencer al Estado español de que ese incumplimiento conduce al abismo, conduce a realimentar la violencia de ETA y a reforzar la credibilidad de HB ante el pueblo vasco) la "reacción Arzalluz" se basa en un juicio, probablemente acertado, de las posibilidades que la "reacción Garaikoetxea" tiene que prosperar en el marco de la correlación de fuerzas concreta del momento. Es muy posible que, como insinuaba Onega en Tiempo (véase la cita del nº 141 que hemos hecho en el apartado 7 de este capítulo), Arzalluz haya tenido información privilegiada de lo que la Corona española estima que los poderes fácticos están dispuestos a aguantar de Euskadi. A mayor abundamiento cabe pensar como verosímil que Arzalluz haya recibido análoga información sobre la actitud de los poderes fácticos mundiales (léase el Pentágono y el Capital Multinacional Internacionalizado) vía la Internacional Democristiana. La discrepancia entre la "reacción Arzalluz" y la "reacción Garaikoetxea" NO SE BASARÍA ASÍ: a) ni en el diagnóstico (que comparten); b) ni en la proyección del diagnóstico a medio y largo plazo (que también comparten).
Queremos decir que Arzalluz sabe igual que Garaikoetxea que es cierto que el Estado español está incumpliendo el pacto político que en 1979 supuso el Estatuto. Y que es cierto que tal incumplimiento producirá a medio y largo plazo un fortalecimiento inevitable de la lucha armada de ETA y de la lucha política de HB.
La discrepancia se centra entonces en el corto plazo. Arzalluz sabe o cree saber o le han dicho o le han amenazado con que a corto plazo (antes del ingreso de España en el Mercado Común Europeo y de la ratificación de su ingreso en la OTAN, antes –en definitiva –de la formalización juridico-política de la reinserción plena de la formación social española en la cadena imperialista mundial encabezada por los USA o, si se quiere la versión periodística, antes del ingreso de España como miembro de pleno derecho en el "mundo libre", en el club de los países industriales avanzados del mundo occidental) tiene que estar despejada la incógnita de la situación política vasca. Que es preciso un "golpe de timón" en la nave del Estado por los mares de Euskadi. Y ("son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas") se le ha dado a escoger entre que el PNV figure como socio privilegiado y gestor aparente de ese golpe de timón o como víctima del mismo.
Se reproduce, en definitiva, la situación del verano de 1979. En este verano el PNV se vio obligado a apostar por el Estatuto a pesar de los recortes (citemos el de Navarra como emblemático) sufridos por el ya moderado proyecto de Gernika. Y se vio obligado porque la alternativa con que se le amenazaba era la intervención militar en Euskadi. Recuérdese que en estas mismas páginas. hemos reproducido la pública confesión de Garaikoetxea, en el Alderdi Eguna del 30.9. 1979, de que el "riesgo de involución" ha existido y de que "cuando desde HB o ETA (m) se nos acusa de haber magnificado ese problema no se analizan las cosas con objetividad"
Ahora el PNV se ve obligado a hacer una 2ª apuesta por un Estatuto todavía más descafeinado (más "aguachinado" es la expresión exacta que emplea Garaikoetxea) que el pactado en 1979. Porque, a corto plazo, la alternativa es hacer esa 2ª apuesta, poner a mal tiempo buena cara, salvar las apariencias, desempeñar el papel de protagonistas, etc… O sufrir las consecuencias de que lo que hay que hacer (lo que hay que recortar) se haga en contra del PNV. Dicho de forma simplificada: la bandera española en Ajuria Enea o la pone el PNV o se la ponen.
Por eso la "reacción Arzalluz" realiza la 2ª apuesta del PNV por el Estatuto.
Naturalmente ello implica precisamente el énfasis público y publicitario en que el Gobierno Ardanza y el Pacto de Legislatura van a ser una potenciación del Estatuto. De que ello sucede así son botones de muestra sendas entrevistas que el lehendakari Ardanza concede a las dos más importantes revistas políticas semanales españolas.
Cambio 16 publica en su nº 688 (fechado el 4.2.1985) una entrevista con el nuevo lehendakari vasco que lleva el significativo título siguiente: "Si se respeta el Estatuto la violencia disminuirá". En ella figuran estas dos preguntas y respuestas:
"C16.- El Estatuto de Gernika qué representa para el lehendakari, ¿un instrumento o un fin?
J.A.A.- El Estatuto de Gernika es un pacto más importante que el acuerdo que acabamos de firmar. A nadie le gusta al ciento por ciento, pero fue la consecuencia de un acuerdo y sirve de pacto de convenio con el Estado. No creo que el Estatuto sea un fin, diría que es un instrumento. Lo que no sé es si al final quedará como un fin o un medio. Lo que deseo actualmente es que el acuerdo con los socialistas se cumpla y en él se recuerda que el pacto estatutario de mil novecientos setenta y nueve está incumplido.
C16.- ¿Siguen siendo las reglas de juego el Estatuto y la Constitución a pesar de que el PNV se abstuviera a la hora de aprobar el texto constitucional?
J.A.A.- Para nosotros, la regla de juego básica es el Estatuto. También manifestamos claramente que respetamos y acatamos la Constitución. Así está especificado en el primer punto del pacto con los socialistas.
Estoy convencido que si se respeta el Estatuto la violencia disminuirá, y que si vuelve la confianza con el Estado las posturas radicales perderán credibilidad " (160).
En el nº 143 de Tiempo (en la misma semana 4-10 de febrero de 1985) se publica también una entrevista con Ardanza. En ella figuran estas otras dos preguntas y respuestas.
Para calibrar bien lo que significa esta 2ª apuesta del PNV por el Estatuto resulta valiosísimo repasar las actitudes, el talante, las posiciones públicas de quienes a partir de la firma del Pacto de Legislatura van a ser los socios del PNV en la apuesta: el PSE-PSOE. Ya hemos indicado antes que, precisamente por estas fechas (invierno 1984-1985 reza la cabecera) hace su primera aparición la revista Cuadernos de Alzate, Revista vasca de la cultura y de las ideas, herramienta del PSE-PSOE. En ese nº 1 se publican tres trabajos significativos. Uno es el ensayo de Solozabal del que ya hemos citado antes la valoración del cese de Garaikoetxea. Otro es del director, Manuel Escudero. El tercero es de José Ramón Recalde (nombrado Consejero de Educación en el Gobierno de coalición PNV-PSOE de 1987).
El de Manuel Escudero aparece en la sección "Ensayos" y se titula "El socialismo vasco y el desarrollo del Estado de las Autonomías". Y comienza con unos significativos párrafos que distinguen las dos apuestas: la del PNV y la del PSOE.
"El conflicto de lealtades nacionales es el problema político más importante que divide al pueblo vasco.
El movimiento nacionalista apuesta por Euskadi, considerándola su nación y dejando muy en segundo plano su forma de articulación con el resto de España. Los socialistas vascos, junto con segmentos de la sociedad vasca tan importantes como el movimiento nacionalista, apuestan por Euskadi dentro de la comunidad española. Cuando hablo de "apostar" quiero significar un aspecto muy importante de esta división de lealtades: unos y otros tenemos la creencia de que es mejor para Euskadi lo que proponemos y queremos demostrarlo en la práctica.
Este conflicto es legítimo, reconocerlo es una cuestión de democracia. Tenemos que coexistir sabiendo que su resolución es una cuestión a largo plazo (162).
La parte final del ensayo de Escudero tiene el evidentísimo interés que le confiere el ser un juicio de valor sobre la concepción que el PNV tiene del Estatuto. Dice Escudero.
"A mí me parecen más difíciles de salvar, aunque me atrevo a pensar que no son insuperables, las dificultades planteadas por la valoración que hace el nacionalismo vasco del Estatuto (Nota del transcriptor: debe ser una errata, quiere decir del Estado) de las Autonomías.
Hasta el presente, el nacionalismo vasco ha articulado su política en relación al Gobierno central sobre la base de un postulado: Euskadi es una nación soberana que, en este momento y a través del Estatuto, realiza un pacto inter pares con otra nación, España.
Dentro de la visión nacionalista, el Estatuto no es considerado como un conjunto estable de reglas de juego. Es más bien considerado como un terreno de juego transitorio en el que el objetivo fundamental consiste en ensanchar constantemente el poder autonómico.
En otras palabras, recogiendo el hilo argumentativo anterior, la opción espontánea del nacionalismo vasco consiste en perpetuar la etapa "distributiva", mantener la filosofía de "reparto" entre el Gobierno autónomo y el Gobierno central. El nacionalismo vasco tiende a discutir constantemente las reglas del juego (el, Estatuto), más que a saldar la discusión para utilizar tales reglas en beneficio de Euskadi. El Estado de las Autonomías, por lo tanto, no es considerado como un sistema en el que la colaboración entre los dos niveles de gobierno es un potencial enormemente positivo para Euskadi; se tiende a pensar que lo único positivo para Euskadi se derivará de la discusión y el enfrentamiento entre los dos niveles de gobierno.
Yo creo que este planteamiento, que en una estrategia de acumulación de fuerzas a corto plazo o en un momento inicial ha podido tener su lógica, no es pragmático a medio plazo. No es positivo, ni para Euskadi ni para el propio nacionalismo vasco" (163).
Menciona a continuación Escudero dos "hechos incontrovertibles" no tenidos en cuenta suficientemente en la estrategia nacionalista: la crisis económica que padece Euskadi y la potencialidad del Estado de las Autonomías que otras Comunidades Autónomas si van a aprovechar. Amenazantes referencias que culminan en este párrafo final:
"No me cabe la menor duda de que a medio plazo, en cuatro o cinco años, cuando la construcción del Estado de las Autonomías esté definitivamente completada, esta falta de visión del nacionalismo vasco puede tener consecuencias evidentes y muy perjudiciales no sólo para el nacionalismo vasco como un movimiento político, sino también, lo que es mucho más importante, para Euskadi y todos los vascos."
José Ramón Recalde publica en este nº 1 de Cuadernos de Alzate un importante trabajo en la sección Estudios cuyo título anuncia que trata del nudo gordiano del "problema vasco": Legalidad, legitimidad, lealtad. El resumen de la propia revista es muy revelador:
"Existen tres grados de adhesión de la ciudadanía al Estado: considerarlo legal, considerarlo legítimo y adherirse con lealtad al mismo. Sobre la base de estos tres conceptos se analiza el nuevo Estado democrático español, así como la posición adoptada frente al mismo por el nacionalismo vasco, y particularmente por el Partido Nacionalista Vasco. Se argumenta que aunque el sistema es visto como legal y legítimo, sin embargo, es considerado como mínimamente legítimo debido tanto a las reservas que mantiene el PNV como a los déficits de legitimidad que el sistema ha mostrado hasta la fecha" (164).
Recalde hace el siguiente análisis de la posición del PNV:
"No responde exactamente al tipo del partido ideológicamente independentista, puesto que no hace expreso tal programa. La voluntad de mantener lo específico de su organización política –un movimiento nacionalista –aconseja no pronunciarse expresamente sobre un tema conflictivo, ni en el ámbito de la organización, ni menos todavía, en el ámbito de los votantes del partido. Esta situación de discordancia entre su programa –que incluye la participación democrática en el Estado –y una ideología estratégica indeterminada, es una de las causas de la imputación de ambigüedad que sus enemigos políticos le dirigen. Pero, desde una perspectiva de adhesión al sistema, el Partido Nacionalista le presta no sólo una legitimidad-legalidad sino también la legitimidad estricta. Significa que, desde la perspectiva de un orden político-nacional, acepta la convivencia dentro del sistema nacional-estatutario y la posibilidad de edificar en este ámbito un orden armónico. No obstante, no pasa de ser esta adhesión un grado de legitimación mínimo, lo que indica que la lealtad, o voluntad de incrementar la participación para solucionar las diferencias es muy deficiente" (165)
Y remacha en la página siguiente los límites de la adhesión legitimadora prestada por el PNV:
"El Partido Nacionalista Vasco, aun aceptando la legalidad del sistema autonómico, ha prestado a éste una limitada adhesión legitimadora. La ficción de que el sistema autonómico ha surgido de un pacto de unidades políticas independientes y previas y no de una estructuración del Estado traduce una voluntad de legitimar el sistema en un pacto en el que se reserva la libertad de denuncia y de resolución. Del mismo modo, afirmar que el principio legitimador está en el Derecho histórico equivale a introducir un principio de legitimación fuera del pacto constitucional del mismo".
Este párrafo que acabamos de transcribir es, creemos, la más nítida exposición de por qué la apuesta del PNV por el Estatuto estaba perdida en el mismo momento de hacerla. Para el PNV el Estatuto era un pacto. Un pacto político. Para los españoles (Recalde es brutalmente específico) eso de que "el sistema autonómico ha surgido de un pacto…" es una ficción. Una ficción que los españoles han tolerado para ver si era tan útilmente eficaz como otra ficción famosa (la de la Ley "Paccionada" del 16 de agosto de 1841 que tenía como objetivo organizar "la Administración General de Navarra") ha resultado para desorientar a los navarros. Recalde es rotundo. A renglón seguido del párrafo anterior, en punto y seguido, añade:
"Tesis ambas que se enfrentan al sentido propio del pacto constitucional que es, por una parte, expresión soberana del pueblo, y por ello está colocado encima de cualquier derecho histórico; por otra parte, creador o renovador de un vínculo estatal, que por tanto impone la norma fundamental de legalidad como condición de la aceptación legítima."
La postura de Recalde, que coincide muy mucho con las posiciones que sostienen las cúpulas del Gobierno del Partido Socialista Obrero ESPAÑOL, es rotunda. Y vuelve a ser rotundamente expuesta al final de su estudio. En la página 64 del nº 1 de Cuadernos de Alzate afirma:
"El sistema nacional-autonómico no es además únicamente un ordenamiento jurídico. Es también un campo político pactado. Pero, en cuanto pacto democrático y autonómico (pactum y foedus), SE SOSTIENE SOBRE LA ACEPTACION DE LA VOLUNTAD SOBERANA QUE SE PLASMA EN UN BLOQUE DE CONSITUCIONALIDAD Y NO EN DERECHOS HISTORICOS ANTERIORES AL PUEBLO" (166).
Curiosamente esas tesis son las que sostienen ETA y HB. Que aceptar el Estatuto significa aceptar la Constitución española. Porque hay un BLOQUE DE CONSTITUCIONALIDAD. Por eso ETA y HB rechazan el Estatuto tanto (igual) que rechazan la Constitución española.
Lo que hay de nuevo para el PNV a primeros de 1985 es que, efectivamente, ha cambiado la correlación de fuerzas. Y si en 1979 el Estado español estuvo dispuesto a ayudar al PNV a construir la ficción de que el Estatuto implicaba un pacto político distinto y distante del pacto político constitucional, ahora ya no lo está.
Ahora el PNV deberá hacer una segunda apuesta por el Estatuto. Una segunda apuesta que implica la aceptación del Estatuto como parte del bloque constitucional.
Que ello es así nos lo demuestra otro trabajo del mismo nº de Cuadernos de Alzate. El ensayo de Solozabal titulado "Acotaciones ingenuas a una crisis política", que ya hemos citado en estas páginas en lo específicamente referido a la caída de Garaikoetxea. Ese ensayo incluye una reveladora descripción por Solozabal del sector del PNV que va a hacer la 2ª apuesta, del sector que hemos denominado la "reacción Arzalluz" y que es quien nombra a Ardanza y propicia el Pacto de Legislatura. Lo revelador es que Solozabal (que es, no se olvide, el autor del libro El primer nacionalismo vasco) entronca al sector de la "reacción Arzalluz" con el sector que tradicionalmente ha venido defendiendo en el seno del PNV, a lo largo de toda su historia, la aceptación sin ambages de la constitucionalidad española. Dice Solozabal:
"En consecuencia, la situación política vasca había llegado a un momento de impasse difícil: los puentes con el Estado se encontraban cortados y la actividad institucional más importante paralizada. Nada tiene de extraño la aparición entonces en el Partido de un sector con una visión diferente de la autonomía vasca y de las propias relaciones con el Estado. Un sector llamado "foralista" ahora pero que había tenido un rol desde siempre muy importante en la historia del Partido Nacionalista Vasco y cuya oportunidad se relanza en esta coyuntura dada la situación excepcional del País y el hecho de que el Partido nacionalista ya no sea un partido clandestino y perseguido, sino un partido "situado" que tiene a su disposición unos resortes impresionantes de poder,,, a quien por consiguiente no conviene ya un discurso "victimista" que le acerca peligrosamente a la marginación y al abertzalismo independentista, sino una posición moderna, integradora y nacional.
De modo que el foralismo vasco –y no sólo por la nobleza de su denominación –es todo menos un movimiento arcaico y retrógrado. Tiene un pasado dilatado con un indudable arraigo en la propia historia del PNV: se emparenta con la posición de los esukalherríacos o el propio segundo Arana; la postura de los nacionalistas liberales del grupo Hermes; los comunionistas de los años 20; o quizás quienes ya en nuestros tiempos sintonizaban con la actitud realista de Ajuriaguerra.
En suma, con quienes por encima de diferencias ideológicas pensaban posible la convivencia del nacionalismo Vasco y el sistema político español.
Representan la versión moderna del pacto tradicional del Pueblo Vasco y España; esto es, interpretan el Estatuto como una reedición actualizada pero respetuosa con la planta tradicional política vasco de los Fueros (y esta dimensión del fuerismo es mucho más importante que su "provincialismo" que se suele subrayar y que no deja de ser un elemento accidental). Plantean el nacionalismo no como un movimiento cuya definición es la tensión frente al Estado, sino la integración y la incorporación más amplia posible en la recuperación de la personalidad vasca.
Vistas así las cosas, creo que la crisis vasca ha sido todo menos episódica y paternalista. Obedece a profundas razones y es de cariz fundamentalmente ideológico. Por ello no sorprende la elegancia y el desinterés –piénsese en el rol de un hombre como Sudupe, descabalgado sin miramientos de la dirección del partido de Guipúzcoa –de sus protagonistas (167).
Precisamente por su conocimiento de la historia del PNV, por saber muy bien que cada vez que el sector "españolista" del PNV ha estirado demasiado de la cuerda de la dejación de la aspiración independentista se ha producido una reacción "sabiniana", Solozabal advierte en su ensayo que "la pugna no ha hecho sino empezar". Solozabal sabe bien que cada una de las posturas que ha citado como antecedentes de la "reacción Arzalluz" tuvo respuesta sabiniana. Los esukalherriacos tuvieron enfrente al director de "Aberri" Santiago de Meabe (el que firmaba con el pseudónimo de Geyme –"Gora Euskadi y Muera España"-), a Manu Eguileor y al propio Luis de Arana. Los nacionalistas liberales del grupo Hermes tuvieron enfrente al semanario de la Juventud Vasca Aberri, que aglutina pronto un grupo "aberriano" en el que vuelve a destacar Manu Eguileor y brilla Elías Gallastegui (que emplea el pseudónimo de "Gudari"). Los comunionistas de los años 20, que han abandonado el nombre del PNV para llamarse Comunión Nacionalista, sufren una escisión que refunda el PNV… Y los estatutistas de los años 30 tiene que vérselas con la escisión de Jagi-Jagi.
Por eso Solozabal advierte:
"La solidez de la posición de Ardanza depende de la fuerza de quienes han apoyado a Garaikoetxea y han perdido de momento la partida. Si no puede hablarse, a mi juicio, de "artificialidad" en el sector que apoya a Ardanza, tampoco puede olvidarse la consistencia de Garaikoetxea, con unas bases con una visión "militante" y "resistente" del nacionalismo y con un líder avezado e inteligente.
Quizás el desenlace de la pugna, que no ha hecho sino empezar, esté en manos del Poder Central. Sólo si el ciudadano vasco es convencido del superior rendimiento de la política de Ardanza, podrá éste hacerse con el Partido. Y ello depende de la colaboración que el PSOE preste a Ardanza en su función de gobierno.
Creo que la redefinición de la situación vasca que todos deseamos implica también un serio cambio en la política autonómica del P.S.O.E. Es necesario que a la rectificación ya verificada del Gobierno Vasco siga una rectificación del Partido y Gobierno socialista" (168).
Y detalla tres líneas de la rectificación necesaria: asunción de una decidida voluntad de completar el desarrollo estatutario, completar la integración jurídica, política y simbólica de Euskadi en el sistema estatal general para lo cual hay que acentuar los rasgos federales de la Constitución española, y finalmente reconocimiento pleno de la legalidad de los independentistas siempre que actúen sólo políticamente. Si eso se hace Solozabal tiene esperanzas:
"El Partido Nacionalista acaba de acometer una rectificación de cuya hondura y seriedad no tenemos duda. Si el Poder Central respondiese a la misma con generosidad e imaginación quizás estaríamos verdaderamente ante un nuevo horizonte."
NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 9º
(160) Gorka Landaburu: Entrevista con José Antonio ARDANZA: "Si se respeta el Estatuto la violencia disminuirá" en CAMBIO 16 n º 688, de 4 de febrero d e185, página 40.
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(161) Isabel Martinez: "Ardanza un gerente…, op. cit. página 22.
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(162) Manuel Escudero: "El socialismo vasco y el desarrollo del Estado de las Autonomías2, en CUADERNOS DE ALZATE n º 1 Invierno 1984-1985, página 79.
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(163) Ibidem, páginas 83 y 84.
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(164) José Ramón Recalde: "Legalidad, legitimidad, lealtad", en CUADERNOS DE ALZATE n º 1, Invierno 1984-1985, página 51.
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(167) Juan José Solozabal: "Acotaciones…, op., cit. página 69.
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